
Estos sensores analizan el espacio que deben vigilar autoadaptándose al ambiente. Detectan variaciones térmicas y de movimiento.
Si las condiciones climáticas cambian (niebla, viento, lluvia, etc..) el dispositivo de medición se adapta a las nuevas condiciones manteniendo la sensibilidad y capacidad de detección sin generar alarmas indeseadas.